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Lenia Batres: ministra, influencer judicial y mártir de la 4T

Por EntreLineas Mx

La Suprema Corte de Justicia de la Nación, ese recinto que debería ser el templo de la sobriedad y la imparcialidad, ahora tiene entre sus filas a una figura que bien podría protagonizar su propio reality show: Lenia Batres, la ministra rebelde.

Y no hablamos de rebeldía jurídica, sino de un estilo de desempeño que mezcla activismo político, desplantes teatrales, tuits incendiarios y llamadas telefónicas en plena sesión. Porque sí: cuando eres ministra de la Corte en tiempos de la 4T, parece que también debes ser influencer, fiscal moral y mártir del movimiento.

El episodio más reciente lo vivió la Segunda Sala del máximo tribunal, cuando Batres fue legalmente impedida para votar en un amparo relacionado con Ricardo Salinas Pliego. ¿La razón? Sus comentarios previos en redes sociales donde, en lugar de guardar la mesura que se espera de una juzgadora, arremetió públicamente contra el empresario. Sus colegas —con bastante paciencia institucional— decidieron que eso comprometía su imparcialidad. Pero ella, fiel a su estilo, se retiró de la sesión denunciando “complicidad y sometimiento” de los demás ministros. Traducción: si no estás de acuerdo conmigo, eres parte del problema.

Y por si fuera poco, días después apareció en video contestando una llamada telefónica en plena sesión de la Corte, como si estuviera esperando el pedido del súper o una videollamada de Palacio. En otro país, eso sería escándalo. En México, es apenas martes.

Lenia Batres no se conforma con ser ministra. Quiere ser la voz de la transformación desde el estrado judicial, aún si eso implica pisotear principios básicos como la prudencia, la ética judicial y el respeto institucional. Y claro, con cada arrebato, lejos de generar confianza, va erosionando uno de los pocos poderes que aún conservaban cierta credibilidad.

En lugar de guardar silencio para analizar un caso, ella tuitea. En lugar de deliberar con respeto, denuncia conspiraciones. En lugar de actuar como ministra, actúa como activista con toga. Y todo esto, claro, bajo el noble argumento de que defiende al pueblo desde dentro del monstruo neoliberal. Porque si criticas a Batres, es que estás defendiendo al capital, a los conservadores, o a Salinas Pliego en persona.

La pregunta que queda es incómoda pero necesaria: ¿cuánto daño puede hacerle a la Corte una ministra que se asume por encima de las reglas que la sostienen? ¿Hasta qué punto la independencia judicial está en riesgo cuando la justicia se convierte en espectáculo?

Por lo pronto, Lenia sigue en su cruzada, convencida de que su misión es moral, no legal. Y mientras ella grita “traidores” a sus colegas, el resto del país —el que aún cree en la ley— observa con estupor cómo la Corte se convierte en un campo de batalla ideológico… con llamadas en altavoz y todo.